Cuando tu único instinto mochilero es llevar mochila (y a veces).
Ser viejero, es decir, realizar viajes pasados los cincuenta años de vida, tiene sus particularidades, al menos en mi caso. Como ya lo expresé en una entrada anterior, tengo mi decálogo de viajes, pero creo que hay algunas otras manías o conductas mías al viajar que me parece pertinente añadir.
Es un hecho que casi todos mis viajes los he realizado ya pasado el meridiano de la existencia promedio de una persona, es decir, más allá de los 35. Nunca fui mochilero, y en realidad no sé si lo hubiera sido, pues mi fiebre viajera comenzó ya cuando ese tipo de espíritu aventurero había mermado en mí. Así que difícilmente me veo con una mochila (de hecho casi nunca he usado una como maleta de viaje, y cuando lo hago es lo único de mochilero que manifiesto), comiendo cosas que no sé ni qué son, o durmiendo demasiado acompañado.