Cuando tu único instinto mochilero es llevar mochila (y a veces).
Ser viejero, es decir, realizar viajes pasados los cincuenta años de vida, tiene sus particularidades, al menos en mi caso. Como ya lo expresé en una entrada anterior, tengo mi decálogo de viajes, pero creo que hay algunas otras manías o conductas mías al viajar que me parece pertinente añadir.
Es un hecho que casi todos mis viajes los he realizado ya pasado el meridiano de la existencia promedio de una persona, es decir, más allá de los 35. Nunca fui mochilero, y en realidad no sé si lo hubiera sido, pues mi fiebre viajera comenzó ya cuando ese tipo de espíritu aventurero había mermado en mí. Así que difícilmente me veo con una mochila (de hecho casi nunca he usado una como maleta de viaje, y cuando lo hago es lo único de mochilero que manifiesto), comiendo cosas que no sé ni qué son, o durmiendo demasiado acompañado.
No. Yo prefiero viajar lo más cómodo que me lo permitan mis recursos del momento. Y para mí un albergue para mochileros nunca será cómodo. No es que los desecho, pero esa pérdida de privacidad que implica compartir el cuarto con otras personas me resulta poco deseable. Eso sí, busco reservar hospedajes, vuelos y dado el caso excursiones al precio más bajo posible, pero sin bajar de ciertos niveles.
Vamos por partes, paso a paso, que es la forma más ordenada de contar las cosas.
Vuelos y aerolíneas.
Volar es, para mí, una de las partes más emocionantes de todo viaje. Tanto, que si no fuera porque no hay vuelos a todos los destinos posibles, y además a menudo es más barato ir de un lugar a otro por tierra, si por mí fuera nunca iría a ninguna parte si no fuera por aire.
Dicen los conocedores (y hasta ahora no me han fallado) que la mejor época para comprar un boleto es entre ocho y nueve semanas antes de la fecha del viaje, pues es cuando los boletos llegan a su precio más bajo. Unas cuantas veces me ha ocurrido que el precio del boleto fue en realidad un poco más bajo, digamos, dos semanas antes de ese término, pero nunca la diferencia ha pasado de unas pocas decenas de dólares.
Aunque el comportamiento común es que los precios suban en los días más próximos a la fecha del viaje, a veces ocurre que, si el vuelo es en épocas bajas, se encuentren verdaderas ofertas que mejoran incluso las de las ocho semanas. Pero no conviene confiarse pues lo más probable es que los precios estén muy inflados en ese momento, y además siempre se corre el riesgo de no encontrar un asiento. Tampoco es conveniente comprar el boleto con demasiada antelación, porque no sólo tendrán precios altos, sino que además si varios compradores del vuelo hicieran lo mismo, contribuirían a que los precios de los boletos se inflen y no lleguen a bajar mucho.
Esa es otra de las ventajas de comprar con suficiente antelación es que, para la mayoría de las aerolíneas, eso te permite escoger tu asiento con tranquilidad, puesto que para ese entonces el vuelo estará casi vacío. En fechas cercanas a la partida, aún si tienes la suerte de encontrar un boleto barato (o un boleto, de plano) te vas a encontrar, casi de seguro, que los asientos disponibles son los más malos.
Y, por cierto, ¿cuáles son los mejores y los peores asientos? Pues para mí eso depende de factores como distancia, posibilidades económicas y prioridades según lo que se quiere cumplir en el viaje.
Como bien se sabe, hay básicamente dos categorías: la Primera Clase (que casi siempre es denominada "Business Class" o "Premium"), y la clase Turista, que puede subdividirse en dos categorías o no, dependiendo de la aerolínea.
Hasta ahora, me ha tocado viajar dos veces en el equivalente a la Primera Clase. La segunda fue gracias a una promoción donde uno puede ofertar para que lo suban de nivel (en otra entrada hablaré sobre eso), y la primera fue sorpresiva, pues resultó que me ascendieron porque viajaba solo y requerían mi asiento en clase económica mientras que sobraba uno en la Business. Eso no es común que pase, pero tampoco es raro, y desde luego si se les presenta la oportunidad, tómenla. Valdrá la pena.
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| Business Class de dos tipos diferentes (muy diferentes) |
Las diferencias entre las dos categorías pueden ser rotundas o no tanto, igual dependiendo de la aerolínea. La más importante es el precio: bien puede ser que la Primera Clase cueste el doble o más que la clase Turista. Además, como se puede ver en las fotos, lo que significa Primera Clase para una aerolínea puede ser más modesto o mucho más lujoso según qué aerolínea. Eso sí, siempre se puede esperar una atención muy individualizada, mejores comidas, asientos mucho más cómodos y espaciosos, chequeos de boletos y maletasa, además de bordajes preferentes (incluso con la posibilidad, según varias aerolíneas y aeropuertos, de acceder a salones de espera VIP), salida del avión igualmente más rápida (puesto que la clase preferente siempre está al frente del avión) y si se requiere dormir, definitivamente se duerme mejor. Mi opinión es que si tu condición financiera es boyante, casi siempre vale la pena viajar en Primera clase, pues siempre será más cómoda. Pero hay sus excepciones claras:
- Si el vuelo es corto, entendiendo por "corto" cualquiera que no dure más de tres horas. La diferencia en comodidad y atención realmente no compensa los 100 o 200 dólares de más que costaría la Primera Clase.
- Si los gastos previstos en el destino serán altos. En ese caso, puede resultar preferible sacrificar (a veces mucho, eso sí) la comodidad con tal de tener esos dólares de más para pasarlo con tranquilidad económica en el destino. Y aunque uno esté más cansado, eso se hace todavía más válido si se trata del regreso a casa, donde nos espera nuestra propia cama.
- Si en días próximos toca hacer otro viaje. Cuando se encadenan dos viajes muy seguidos uno detrás del otro, sin que por ello haya que sacrificarse en el primero en cuanto a los gastos en el destino, siempre es conveniente tener en cuenta que hay que dejar un buen respaldo para el periplo siguiente. Como en el ítem anterior, puede que esos 200 dólares te hagan falta, y mucha, en el segundo viaje.

Para la mayoría de la gente, sin dudas, la opción es la clase Turista o Económica. Algunas aerolíneas pueden subdivirla en una con espacio entre los asientos más ámplio y otra con más estrechez, siendo los segundos, obviamente, más baratos. Como casi para todos no hay otra posibilidad, entonces sólo queda tener en cuenta cuál de todos los asientos es el mejor y cuál el peor.
- Casi siempre, el asiento más deseado es junto a la ventanilla, en cualquiera de los dos lados, no solo porque se puede mirar hacia afuera, sino también porque es lo más cercano a un lugar con privacía dentro de la cabina económica. Pero hay que escogerlo según algunas prioridades:
- Los mejores son por delante de las alas. Lo malo es que las aerolíneas, nada tontas, ubican allí los asientos de la clase turista preferente, es decir, los más caros. Pero si no es así, es la elección obvia, pues tendrás el panorama hacia afuera totalmente despejado.
- De segundos, detrás de las alas. Aunque la turbulencia provocada por la estela de los motores distorsiona un poco la visión, al menos podrás verlo todo. Personalmente, yo prefiero los lugares hacia atrás del avión, no sólo porque casi siempre son los más económicos, sino también porque estás más cerca del baño, aunque como veremos después, tienen una desventaja que puede ser importante...
- De últimos, sobre las alas. Su única ventaja es que en el eje de las alas suele ubicarse el punto más estable de toda la aeronave, y es uno de los más seguros. Pero la superficie de esas alas te bloquea la visión, puede que hasta totalmente, por lo que se pierde uno de los atractivos más importantes de este tipo de asientos. Teniendo la opción, es mejor preferir un asiento de pasillo.
- Si es usted persona que necesita ir al baño con frecuencia, definitivamente los asientos en las ventanillas no le convienen.
- Sin dudas, la segunda opción son los asientos del pasillo. Especialmente si eres muy alto, o de pies o vejiga inquietos, estos son los asientos ideales. Su desventaja mayor (aparte de que te pierdes el panorama de afuera) es que la gente pasa y eso puede incomodarte, y eso incluye, desde luego, los carritos de servicio de los auxiliares de vuelo cuando pasan a repartir las bebidas y la comida.
- Salvo que quien se siente a tu lado sea un amigo, conocido o familiar, definitivamente el asiento del medio (cuando vienen de a tres) es el peor de todos. Crea una sensación de aislamiento muy curiosa, pero nunca agradable. En lo posible, siempre debe ser nuestra última opción.
- En cualquiera de las tres posibilidades, siempre es mejor irse adelante que atrás en el avión. Los que se sientan adelante por lo general abordan primero, y también salen de primeros. Cuando se trata de un avión de cabina ancha, con dos pasillos, es mucho mejor escoger los asientos a la izquierda, pues ese pasillo se comunica directamente con las puertas de salida y hay estudios que demuestran que ese sector del avión se despeja hasta diez minutos más pronto que los otros.
- La sección de cola suele ser la más resistente y segura, luego de las alas. Eso sí, hay que armarse de paciencia a la hora de salir del avión, porque se puede tardar mucho, pero mucho, esperando a que las hileras de adelante se vayan despejando. Si uno tiene una conexión a otro vuelo con un intervalo corto entre ambos, no será una buena opción, claro está. Y especialmente incómodos son los de la última hilera, no sólo porque prácticamente están junto al baño, que a veces emana aromas nada agradables, sino porque al apoyarse en el mamparo posterior de la cabina, no pueden inclinarse hacia atrás.
En todo caso, una regla que es casi de precepto es que cuanto más largo el vuelo (o la cadena de vuelos), yo siempre procuro obtener la mayor comodidad dependiendo de mis posibilidades presupuestarias, aunque siempre priorizando el que prefiero estar tranquilo en cuanto a mi economía en los lugares de destino. Pero eso soy yo, cada uno que se acomode a sus gustos, que de eso se trata.



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