lunes, 27 de noviembre de 2017

Hacia Piedrafita... a las puertas del Camino.

De camino al Camino
En nuestro segundo día en España, habíamos dispuesto realizar nuestro traslado en autobús hacia el norte de España, concretamente hasta Piedrafita. Yo me ofrecí a ser siempre el primero en despertarme, porque nunca he tenido problemas para eso: incluso cuando me desvelo un poco, si tengo que levantarme a una hora específica, logro salir del sueño aún sin el auxilio de un despertador. La única duda era que el cambio de continente me trastornara el cronómetro interno, pero por suerte parece que mi organismo tiene su propio sincronizador, porque a las seis en punto de la mañana me estaba levantando y tan fresco. Por cierto, no sé si será cuestión genética, o si los consejos que nos dio nuestro capitán antes de los vuelos surtieron efecto (nos recomendó no dormir mucho la noche anterior y en cambio dormir todo lo que pudiéramos en los aviones, especialmente el del vuelo trasatlántico), o si de alguna manera los hados se sintonizaron a nuestro favor en este particular viaje, pero lo cierto es que yo no noté que ninguno de los cuatro peregrinos acusara el famoso jet lag, esa extraña sensación (y por ahora todavía desconocida para mí) de trastorno físico y hasta emocional que provoca el atravesar varios husos horarios.