miércoles, 15 de marzo de 2017

¿Un nuevo blog de viajes?

En el mundo de los bloggers, debe haber miles dedicados al arte y placer de viajar. ¿Por qué, entonces, meterse en el predicamento de publicar uno nuevo?
Bien, para empezar porque me place hacerlo, y lo digo sin ánimo pendenciero. Si bien no soy un viajero de esos que todos los meses se encuentra despertando en un destino diferente, al menos desde mi normalidad (real o pretendida) sí que me impongo la meta de viajar al menos una vez al año, aunque sea a un lugar ya visitado. Y si la experiencia en sí, en el momento, tiene sus altas (las más) y bajas (las menos), lo cierto es que con el tiempo he descubierto que una parte muy importante de los viajes son los recuerdos que quedan.
Se disfruta, claro, la anticipación, esa emoción previa al imaginarse uno cómo será el futuro viaje. Se disfruta el viaje mismo, a pesar de que casi siempre la realidad nos asalta con cosas que uno no contemplaba y desmejoran el maravilloso cuadro que uno se había pintado. Cosas desagradables que, eso sí, casi siempre resultan ser las menos, y que además tienden a ser guardadas en rincones oscuros de la memoria,  aunque te dejan una cicatriz en tu cuero que te curte para el futuro, si se presentan situaciones similares.

Y, de todos modos, esos pequeños manchones van siendo con cada viaje una anécdota más que puede que termine convirtiéndose en lo más gracioso de toda la experiencia, y no llega de todos modos  a amargarte el sabor dulce de que estás haciendo algo que antes era un sueño y en ese momento se está convirtiendo en una realidad. Realidad, eso sí, que un segundo después se convierte en recuerdo. Ésa es mi mejor definición de los viajes: sueños que luego se convierten en recuerdos.

Pero cuando uno empieza a asimilar que ha llegado a cierta edad, en mi caso a mitad de mis cincuentas, que si bien no es la vejez sí que es su antesala, empieza también a darse cuenta de que para nada está de más llevar un registro de esas vivencias. Es asombroso cómo, poco a poco, empezamos a perder en el limbo detalles y más detalles de un viaje que fue "inolvidable". Y es por ello, para tener a un alter ego que me cuente como fueron exactamente las cosas, que me decidí a escribir este blog.

¿Y por qué no un simple diario, personal e íntimo?  Pues porque también estoy convencido de que aunque viajes nada más que contigo mismo (incluso cuando viajes acompañado), no tienes por qué guardar el secreto. De hecho, pienso que es pecado grave de un viajero no compartir su experiencia con otros. Con los que viajan, porque aún sin conocerlos son parte de la misma familia. Con los que no viajan si no pueden por alguna circunstancia aunque quisieran, porque al menos pueden vivir a través de tus relatos los viajes que les están impedidos. Con los que no viajan porque no quieren, porque a lo mejor los logre entusiasmar y terminen queriendo. Con los que no viajan por miedo, porque al compartir mis propios temores y cómo los he venido superando pueda que se armen del valor necesario para empezar a dar saltos por el mundo.
Pero hay otra razón para meterme en este brete: la mayoría de los bloggers viajeros son bastante jóvenes (en torno a sus treinta años o menos), llenos de lozana energía, con toda una vida por construir que por eso mismo les permite, en su presente, disponer de bastante tiempo para irse a explorar el mundo, lo cual por cierto es muy recomendable a esas edades, porque viajar no sólo da placer, sino que da perspectiva.

Realmente han sido pocos los viajeros maduros o más que maduros que haya yo podido localizar y que dejen sus relatos en la red. Que los hay, pero por lo general escriben sobre uno que otro itinerario, publicándolo en páginas de viajes, no en un blog a su cargo. Imagino que en cuanto este blog salga publicado de pronto aparecerán ante mis ojos cientos de bloggeros maduros, pero por ahora, confiado en la osadía de mi ignorancia, le entro a este asunto de ser bloggero de viajes cincuentón aspirando presentar algo nuevo.

¿Y por qué no montar un canal en Youtube? Aunque para nada desecho la idea de ocasionalmente insertar algún vídeo captado por mí y que registre algún suceso interesante o simpático, la cuerda no me da para tanto como para montar un canal de viajes (nunca hay que decir "nunca", claro, pero por el momento es lo que hay). Que quede claro, eso sí, que admiro profundamente a tantos Youtubers que viajan y nos regalan vídeos sobre sus experiencias. De hecho, constituyen una de mis principales fuentes de inspiración a la hora de preparar un viaje, y les recomiendo, si no tienen la costumbre, urgar todo lo que puedan en ese medio para sumergirse en su viaje antes de su viaje. En lo personal, sin embargo, no me veo cargando una cámara procurando documentarlo todo, ni siquiera en fotografías (como verán en este blog, si bien inserto fotos tomadas por mí o mis acompañantes, no son muchas, y no tengo empacho en utilizar fotos de otras fuentes si siento que ilustran mejor el relato que mis pobres registros fotográficos). Verán, para mi desgracia en cuanto a potencial carrera como Youtuber, tengo la manía de querer verlo y vivirlo todo con mis propios ojos, y no tanto a través de las cámaras. Realmente me parece que estar tomando fotos o vídeos hace que te pierdas la vivencia real, pues a final siento que hay poca diferencia entre experimentar el viaje a través de la pantallita de una cámara y quedarse viéndola por una pantalla más amplia, la del televisor. Y con mejor calidad en el segundo caso. Por eso es precisamente que admiro a esos Youtubers impenitentes que nos regalan ese maravilloso materia visual: siento que aunque se den respiros y dejen de grabar vídeos en algún momento, de alguna manera sacrifican su vivencia directa en pro de compartirnos las peripecias de sus viajes, debiendo ellos y ellas ver las cosas indirectamente, como de segunda. Sí me explico, ¿verdad?


Es más, mi idea es que, antes de poner un vídeo de pobre calidad hecho por mí (salvo para casos muy particulares), prefiero insertar un vídeo de alguno de esos Youtubers (dándoles el crédito correspondiente y merecido, claro), que con mayor riqueza técnica y belleza visual serán indudablemente más efectivos para provocar entusiasmos viajeros.


Así que espero que, poco a poco, este blog tenga más y más lectores, y nos convirtamos en cómplices.

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